Vente pa’ Inglaterra, tete! Las Aventuras de Emma por UK.

¿Estudiantes, emigrantes o peregrinos?

Querido lector, estudiante, español o ser humano que ha decidido emprender el viaje:

Enhorabuena, estás a punto de iniciar una de las aventuras más desafiantes de tu vida. Te puedo garantizar que aunque aún no lo creas o no llegues a entenderlo hasta tu quinto mes en Britishlandia, merecerá la pena. Así que ponte el cinturón de seguridad y abre bien los ojos, las carcajadas corren a mi cuenta.

Me llamo Emma Muñoz y hace siete meses que llegué a La Isla. Siete meses de nubes y claros y más nubes que otra cosa. Siete meses de patatas cocidas, coles de bruselas, té como antídoto de todo mal y “sorry” en la boca como himno nacional del día a día. Siete meses en los que cada día supone un reto y un aprendizaje a la colección de motivos por los que amar España y querer volver a casa.

No puedo negarlo, hay momentos en los que la tierra del Rey Arturo me llega a gustar más que nuestro país y ya te digo desde el principio que el poder que te da ser consciente de que por fin hablas inglés, no te lo quita nadie. Pero hay momentos en los que la realidad se aleja bastante de las fotos de los catálogos promocionales de las agencias de viajes, donde la gente rubia, esbelta y feliz protagonizan las portadas soleadas de destinos lluviosos. Pero para eso vengo yo a contarte la experiencia de mis Aventuras en Britishlandia, para que conozcas mi verdad.

Me llamo Emma, tengo 22 años y en Junio del año pasado terminé mi carrera en Madrid. Abrumada por las ofertas de empleo que surgían a diario en mi tierra decidí regalarme el año de cuartelillo antes de empezar a ser una mujer de provecho y marcharme a Inglaterra a “improve” mi nivel de inglés y ahorrarme un dinerito. Confesaré que mi objetivo inicial era simple y sencillo: objetivo bilingüismo. Pero cuando llegas ahí y te pones a ello, te das cuenta de que con un nivel Advanced vas que chutas.

El caso, mi familia me regaló un primer mes en una escuela cristiana en una comarca al sur de Inglaterra y una entrevista de trabajo, y digo que me lo regaló porque también se paga el conseguir la entrevista si lo traes hecho de España.

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Al llegar a la comarca me encontré con el pueblo de Blancanieves y los siete enanitos versión británica. Una aldea (en realidad aquí lo llaman ciudad) rodeada de casas antiguas, reservas naturales y monumentos de la guerra civil de 1648, pues eso mu arcaico todo, muy bello y… muy sereno.

En mi primer mes en la escuela cristiana aprendí mucho inglés, conocí a gente de Suiza y de Italia e investigué opciones para seguir machacando mi primer propósito: bilingüismo.

Me entretenía mirando las pelotas de cardo producidas a las cinco de la tarde en la calle principal, cuando todos los comercios cerraban y la vida apagaba sus motores. Añoraba la vida en mi capital donde siempre a cualquier hora habría un comercio chino donde comprar un paquete de pipas y un amigo que te acompañara a comerlas en un parque a las 12 de la noche… pero la aventura no había hecho más que empezar.

Tras esta experiencia escuela, afronté mi primera entrevista de trabajo en un hotel. He aquí, mi querido compatriota, donde te pido que pongas ojo avizor porque ni soy la primera ni la última española a la que intentarán explotar en un hotel inglés donde los contratos se convierten en papel higiénico que recambiar en las habitaciones.

En un fin de semana de dos días trabajé más de 26 horas sin media hora para sentarme a comer, cargando bandejas de platos sucios de bodas y meetings y sin llegar a comprender cómo había podido acabar allí. Mi objetivo bilingüismo y mi moral se vieron por los suelos cuando al entrar en la cocina encontré al menos a 7 compatriotas haciendo exactamente lo mismo que yo: sobrevivir. Escuché historias muy diferentes: negocios cerrados en España, deudas que pagar, familias que mantener, ausencia de oportunidades y empresas donde empezar a trabajar y me sentí tremendamente afortunada al tener un único objetivo como es: aprender inglés.

Ya me veía con el pie en España cuando decidí entregar mi curriculum en todo aquel sitio cuco y británico que viera y allí acabé, trabajando en una de las cafeterías más acogedoras de la comarca donde al menos estoy segura de que temporalmente me tratarán como un ser humano más y aprenderé inglés.

Y es que esto es lo que pasa tete, cuando no tienes noticias de España, la fama de nuestra tierra no está muy por las nubes, y al margen de las playas y la sangría se conoce poco de nuestro arte en esta Isla.

“La vida en la comarca a veces es durilla pero si eres listo y tienes paciencia puedes hacer de tu destino una experiencia de vida” 

Me canso de hablar de nuestros museos, nuestra música, nuestras terrazas en la capital donde los artistas callejeros son parte de las pinceladas de Goya y los versos de Lope, pero… aquí solo conocen a Enrique Iglesias (y si eso).

Soy consciente de que venimos de uno de los países más ricos del mundo, tenemos tierra, tenemos diversidad, tenemos arte, tenemos cultura, tenemos historia, tenemos vida… lo que no tenemos es ganas de vendernos al mundo y de amarnos a nosotros tanto como lo deberíamos hacer a España.

Vente a Inglaterra, tete, si quieres aprender inglés. Pero no lo hagas con la palabra de que España te repugna en la boca, porque de este modo le estás enseñando la esquina más etílica de Benidorm a un inglés que solo quiere emborracharse. Eso no es nuestra tierra, no es nuestro hogar.

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He aprendido mucho de la cultura inglesa, mucho de los británicos y puedo decir que el día que regrese a casa hasta les echaré de menos. En el país del “Grey and Green” nunca verás a un ciudadano saltándose una cola, chocándose contigo sin pedirte perdón o a un grupo de adolescentes “ninis” chupando el bote en casa sus madres mientras ven algún reality show. Su forma de valorar el precio de las cosas, el valor de conseguirlas, el tener la oportunidad y las ganas de empezar a trabajar para alcanzar metas de vida… Todo eso, por desgracia también lo echaré de menos y lo añadiré a la lista de propósitos a alcanzar por nuestra querida N con sombrerito (Ñ).

Pasaron los meses y continué struggling con el idioma y la dichosa pronunciación hasta que un día me di cuenta de que era capaz de mantener una conversación sin escupir más de diez veces en la cara del receptor y ser entendida sin deletrear las palabras como si fuera idiota haciendo dibujos en el aire: esto va bien, no estoy perdiendo el tiempo.

En los días grises echo de menos casa, pero sé que es solo temporal y que España estará a la vuelta esperándome y mi mamá con mi perolo de lentejas… también.

Sería injusta si no admitiera que también he descubierto el sol en la comarca, y las gaviotas se han convertido en los pájaros que me despiertan cada mañana, he encontrado los supermercados donde comprar pasadas las cinco de la tarde y de vez en cuando juego al fútbol con las pelotas de cardo. No te lo voy a negar… la vida en la comarca a veces es durilla pero si eres listo y tienes paciencia puedes hacer de tu destino una experiencia de vida y cuando te quieras dar cuenta serás bilingüe y tomarás té para calmar tus penas.

Pero todas estas vivencias sólo las podrás experimentar tú si decides venir a vivir tu propia aventura en Londres o en cualquier ciudad de Reino Unido.

¿A qué esperas? ¿Continuará?

¡Hasta pronto!


Emma Muñoz es una Madrileña viviendo en UK  y autora del blog Aventuras en Britishlandia, donde os podeis suscribir a su canal de Youtube y a su página de Facebook 🙂


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